El corazón se acelera sin aviso, te falta el aire, sientes que algo terrible está a punto de suceder y no puedes detenerlo. Si has vivido esto, sabes lo desestabilizador que puede ser un ataque de pánico. Lo que tal vez no sabes es que, aunque se siente como una emergencia, tu cuerpo no está en peligro real, y hay cosas concretas que puedes hacer para atravesarlo.

¿Qué es exactamente lo que ocurre?

Un ataque de pánico es una respuesta intensa del sistema nervioso que activa la alarma de «peligro» de tu cuerpo, aun cuando no haya ninguna amenaza real. El cerebro interpreta algo —un pensamiento, una sensación, una situación— como una amenaza y dispara una cascada de reacciones físicas: aumento del ritmo cardíaco, tensión muscular, hiperventilación, sudoración. Todo esto es involuntario y puede durar entre diez y treinta minutos.

Saber esto no lo hace desaparecer, pero sí puede ayudarte a no amplificarlo con el miedo al miedo.

Qué hacer en el momento

Cuando estás en medio de un ataque de pánico, el objetivo no es luchar contra las sensaciones sino permitir que pasen. Estas estrategias pueden ayudarte:

  • Reconócelo: decirte a vos mismo «esto es un ataque de pánico, va a pasar» activa la parte racional del cerebro.
  • Respira con intención: inhala lentamente por la nariz contando hasta cuatro, sostén dos segundos, exhala por la boca contando hasta seis. Repite.
  • Ancla los sentidos: nombra cinco cosas que puedes ver, cuatro que puedes tocar, tres que puedes escuchar. Esta técnica devuelve tu atención al presente.
  • No huyas del lugar si puedes evitarlo: quedarte y atravesarlo le enseña a tu cerebro que la situación no es peligrosa.
  • Afloja la tensión muscular: suelta los hombros, abre las manos, desaprieta la mandíbula.

Después del ataque: lo que también importa

Una vez que el episodio pasa, es normal sentir cansancio, vergüenza o confusión. Date un momento para recuperarte sin juzgarte. También es importante reflexionar si los ataques se están repitiendo, si estás evitando lugares o situaciones por miedo a que ocurran, o si la anticipación al siguiente episodio ya está afectando tu vida cotidiana.

Los ataques de pánico son tratables. Con el acompañamiento adecuado, muchas personas logran reducirlos significativamente o dejar de experimentarlos.

Si los ataques de pánico son parte de tu día a día, no tienes que enfrentarlos solo. En CAPI contamos con un equipo especializado que puede acompañarte para entender qué los desencadena y trabajar con herramientas concretas para recuperar tu tranquilidad. Agenda tu consulta presencial o virtual cuando estés listo.